
SANTA ROSA DEL AGURAY (Interplanetario por Esteban Ross) El camino de Artemis II comienza con el despegue del cohete SLS desde Florida, llevando a la cápsula Orión y a su tripulación hacia la órbita baja terrestre. Allí, la nave desplegó sus sistemas y realizó maniobras de ajuste antes de abandonar la influencia directa de la Tierra. Con un encendido de motores, se lanzó hacia el espacio profundo, iniciando un recorrido que no se veía desde hace más de medio siglo. Cada paso está calculado para garantizar seguridad y precisión, combinando tecnología moderna con la experiencia de las misiones Apolo.
La ruta elegida es la llamada “trayectoria de retorno libre”. En términos simples, significa que la nave aprovecha la gravedad de la Luna para girar alrededor de ella y regresar automáticamente a la Tierra. Es un camino que ofrece tranquilidad: incluso si algo falla, la nave volverá a casa. Durante este tramo, la tripulación se acercará a la cara oculta de la Luna, un lugar que pocas veces ha sido observado directamente por humanos. El viaje completo dura unos diez días y cubre cerca de 685.000 millas, lo que convierte a Artemis II en el vuelo tripulado más lejano desde Apolo.
Más allá de los números, lo que emociona es el simbolismo de este recorrido. Artemis II no busca aterrizar, sino probar que estamos listos para hacerlo en el futuro. Es un ensayo que valida sistemas críticos y que abre el camino para Artemis III, la misión que llevará nuevamente humanos a la superficie lunar. El trayecto de Orión es más que una ruta espacial: es la confirmación de que la exploración sigue viva, que la Luna vuelve a ser protagonista y que la humanidad está preparada para dar un nuevo paso hacia lo desconocido.
