
SAN PEDRO DEL YKUAMANDIJU (Reflexión, por Carlos Roa) Jean-Paul Sartre planteaba que la mayoría de las personas vive creyendo que no tiene control sobre su vida. Se refugian en la idea de que todo depende de la suerte, de las circunstancias o de lo que otros hagan. Sin embargo, para Sartre esa visión es una ilusión que nos quita poder. Su filosofía existencialista afirma que siempre existe una elección: tal vez no podemos decidir lo que nos sucede, pero sí cómo respondemos. Esa respuesta, lejos de ser secundaria, es lo que define nuestra identidad y nuestro carácter.
La frase “condenados a ser libres” resume la radicalidad de su pensamiento. La libertad no es un regalo, sino una carga inevitable: incluso cuando decidimos no actuar, estamos tomando una decisión. Esa responsabilidad constante puede resultar incómoda, porque nos obliga a reconocer que somos los arquitectos de nuestra propia vida. Cada acción que asumimos, cada compromiso que aceptamos y cada respuesta que damos va moldeando quiénes somos y cómo nos relacionamos con el mundo.
Las personas con mentalidad fuerte comprenden que el verdadero liderazgo comienza cuando dejan de buscar culpables y asumen el control de sus decisiones. En ese momento nace la auténtica libertad: la capacidad de dirigir la propia vida sin excusas ni dependencias externas. Sartre nos invita a abandonar la pasividad y a reconocer que, aunque no podamos controlar todo lo que ocurre, sí podemos decidir cómo enfrentarlo. Esa elección constante es la que nos convierte en protagonistas de nuestra historia y nos recuerda que la libertad, aunque sea una condena, también es la mayor oportunidad para construirnos como individuos.
