
NACIONALES (tendencia, por redacción) Hoy es el Día Internacional de las Mujeres Rurales, y en Paraguay eso significa mirar hacia el interior profundo, donde miles de mujeres sostienen la tierra con sus manos, sus saberes y su coraje. No siempre se las ve, no siempre se las escucha, pero están ahí: sembrando, cosechando, criando, curando, enseñando. Son el alma silenciosa del campo, las que madrugan antes que el sol, las que conocen el lenguaje de la lluvia, las que saben cuándo plantar y cuándo esperar.
La mujer rural paraguaya no solo produce alimentos, también produce comunidad. En su huerta hay más que verduras: hay esfuerzo, hay sueños, hay resistencia. En su cocina no solo hay fuego, hay calor humano. En su andar hay historia, hay cultura, hay lucha. Muchas veces sin tierra propia, sin acceso a salud, sin caminos transitables, sin voz en las decisiones, pero con una fuerza que no se rinde. Porque aunque el mundo les dé la espalda, ellas siguen de pie.
Hoy no se trata solo de agradecerles, sino de reconocerlas. De entender que sin ellas no hay campo, no hay alimento, no hay país. De mirar con respeto a esas mujeres que, con poco, hacen mucho. Que crían hijos, cuidan animales, venden en ferias, lideran cooperativas, y aún así encuentran tiempo para sembrar esperanza. Este día es suyo, pero su trabajo es de todos los días. Porque mientras otros hablan de desarrollo, ellas lo practican con cada semilla que entierran, con cada plato que sirven, con cada niño que educan.
A vos, mujer rural paraguaya, que no pedís aplausos pero merecés todos. Que no buscás reconocimiento pero lo tenés ganado. Que no te rendís aunque el camino sea largo. Hoy te celebramos, pero más que eso, te acompañamos. Porque tu lucha es también la nuestra, y tu fuerza nos inspira a seguir sembrando futuro.
