
SANTA ROSA DEL AGURAY (Salud, por Carlos Roa) La perimenopausia no llega de manera repentina ni tiene un día exacto de inicio. Se instala poco a poco y muchas veces pasa desapercibida, aunque el cuerpo comienza a enviar señales claras. Dolores en zonas como las manos, la espalda o las piernas aparecen sin una causa evidente, marcando el inicio de esta transición. Reconocer estos cambios tempranos es clave para entender que no se trata de un problema, sino de una etapa natural.
Otro síntoma frecuente es la alteración en la mente y el ánimo. La concentración se vuelve más difícil, la memoria falla en detalles simples y surge la llamada “niebla mental”. A esto se suma el cansancio constante: dormir no garantiza descanso y levantarse agotada se convierte en rutina. Los cambios de humor, la irritabilidad y la falta de paciencia también forman parte de este proceso, generando confusión en quienes lo atraviesan.
El cuerpo, por su parte, experimenta variaciones notorias. El aumento de peso se da con mayor facilidad, la energía disminuye y el deseo sexual se modifica, no por falta de amor, sino por ajustes hormonales. Estos síntomas no deben ser motivo de culpa, sino señales de que el organismo está entrando en una nueva etapa. Hablarlo, cuidar la alimentación, mantenerse activa y priorizar el descanso son estrategias que ayudan a transitar la perimenopausia con mayor bienestar.
