
SANTA ROSA DEL AGUARAY (Salud, por Redacción) El hígado graso es una enfermedad caracterizada por la acumulación excesiva de grasa en el hígado, que puede evolucionar hacia esteatosis, inflamación, fibrosis y cirrosis. Se distinguen dos tipos: el hígado graso alcohólico, producto del consumo prolongado de alcohol, y el hígado graso no alcohólico, originado por la ingesta excesiva de carbohidratos y fructosa. Este último se ha convertido en el más frecuente, afectando a más de una cuarta parte de la población mundial y con una creciente prevalencia en niños y adolescentes.
La forma no alcohólica de la enfermedad puede desarrollarse incluso en personas que nunca han consumido alcohol, ya que bebidas azucaradas, jugos, alimentos ultraprocesados y el exceso de frutas y carbohidratos favorecen la acumulación de grasa en el hígado. Esta condición está íntimamente ligada a la resistencia a la insulina, considerada el punto de partida de múltiples enfermedades metabólicas e inflamatorias que afectan a todo el organismo.
Aunque la mayoría de las personas desconoce que padece hígado graso, sus efectos se evidencian con el tiempo en forma de diversas enfermedades metabólicas. Sin embargo, un cambio de estilo de vida puede revertir la situación: reducir drásticamente el consumo de carbohidratos y fructosa ayuda a limpiar el hígado, mejorar la sensibilidad a la insulina y prevenir complicaciones. Como dice el dicho, “el veneno viene disfrazado de llamativos colores y cosas dulces”, recordándonos que la prevención comienza en la alimentación.
