
SANTA ROSA DEL AGUARAY (Salud, por el Tío Talo) El huevo ha sido protagonista de mitos y debates en la nutrición. Durante décadas se recomendaba comerlo con moderación, apenas dos por semana, por temor al colesterol. Sin embargo, estudios recientes demostraron que para la mayoría de las personas no representa un riesgo significativo y que, por el contrario, aporta beneficios esenciales para la salud. Hoy se habla incluso de desayunos con varios huevos cocidos como una opción nutritiva y saciante.
Este alimento es considerado una “joya nutricional”: contiene proteínas de alta calidad, vitaminas A, D, E y del complejo B, además de minerales como hierro, zinc y fósforo. Estos nutrientes ayudan al crecimiento de los niños, fortalecen músculos y huesos, y brindan energía para enfrentar las actividades diarias. También aporta antioxidantes que protegen la vista y retrasan el envejecimiento. Por su versatilidad y bajo costo, el huevo se ha convertido en un aliado indispensable en la dieta de millones de personas.
Más allá de lo que dicen los estudios, el huevo forma parte de la vida cotidiana en el campo y en la ciudad. Son muchísimas las casas que tienen gallinas ponedoras, no solo como tradición, sino como garantía de alimento fresco y seguro. El huevo casero tiene un valor especial: se percibe más natural, con mejor sabor y con la tranquilidad de saber de dónde proviene. Para muchas familias, criar gallinas significa asegurar proteína de calidad todos los días sin depender del mercado.
El huevo casero, además de nutritivo, representa autosustento y cultura. Es símbolo de la vida rural, de la economía familiar y de la conexión con lo natural. En tiempos donde la alimentación saludable cobra cada vez más importancia, el huevo se reivindica como un alimento sencillo, accesible y poderoso. De mito a maravilla, de villano a protagonista, el huevo demuestra que lo esencial muchas veces está en lo más simple.
