
SAN PEDRO DEL YKUAMANDIJU (Interplanetario, por Carlos Roa) Estamos a un punto de que los humanos puedan tener quizás tal vez otro planeta para vivir porque los que estamos viviendo en la tierra ya nos sentimos contaminados por todo tipo de malestares y el Artemis II está tratando de traer informaciones concretas de donde hay un lugar en otro planeta donde podamos vivir mejor, donde el agua, el aire, y las personas puedan tener mejor estadía en su vida en este terráqueo. Ahora vamos a relatar un poquitito de esta osada misión que tuvieron estos cuatro astronautas y tratar de asimilar y entender cuál es el futuro de nuestras vidas, de aquellos que están todavía en algún tubo en estado de espermatozoide para que entiendan cómo es la vida y cómo es la suerte de haber llegado al óvulo de la concepción.
La misión Artemis II acaba de vivir uno de los momentos más impresionantes de la exploración espacial moderna:
sus cuatro astronautas se internaron en la cara oculta de la Luna y permanecieron 41 minutos completamente incomunicados con la Tierra mientras la nave Orion rodeaba el satélite.
Pero ese silencio no fue un fallo.
No fue un accidente.
Fue el precio inevitable de ir más lejos.
Cuando una nave entra lo suficiente en la cara oculta lunar, la propia Luna bloquea la comunicación con la Tierra. Y eso fue exactamente lo que ocurrió mientras Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen atravesaban una de las zonas más misteriosas del espacio cercano a nuestro planeta.
Durante ese tramo, además de quedar aislados, lograron algo histórico:
alcanzaron 406.771 kilómetros de distancia de la Tierra, estableciendo un nuevo récord de alejamiento humano.
Y no solo eso.
Los astronautas contemplaron regiones de la cara oculta que ninguna persona había visto así, directamente con sus propios ojos, en una experiencia tridimensional imposible de comparar con las imágenes robóticas. La NASA explicó que, aunque sondas automáticas ya habían fotografiado esas zonas, verlas en persona, con relieve, sombras y perspectiva real, ofrece una comprensión completamente distinta.
Uno de los puntos más fascinantes fue Mare Orientale, una gigantesca estructura de impacto lunar situada entre la cara visible y la oculta, que nunca había podido ser observada entera y de forma directa por humanos.
Además, tras recuperar la comunicación, la tripulación vivió otra escena casi irreal:
un eclipse solar total desde el espacio que duró 57 minutos, visible solo para ellos cuatro gracias a la posición exacta de la nave Orion durante el regreso.
Imagínalo por un segundo:
Estar a cientos de miles de kilómetros de casa.
Ver una pequeña Tierra asomando detrás de una Luna inmensa.
Cruzar el lado más remoto del satélite en silencio absoluto.
Y después contemplar un eclipse total que ningún ser humano más puede ver.
Eso fue Artemis II.
Y aunque esta misión no aterrizará en la Luna, ya hizo historia:
Sus tripulantes se convirtieron en las primeras personas en tener una visión completa de ese hemisferio lunar, aunque solo una parte estuviera iluminada en ese momento. También se suman al grupo extremadamente reducido de humanos que han visto la Luna de cerca con sus propios ojos.
